Friday, March 20, 2009

Quemando billetes en recesion

La figura es exacta, aunque el titular es malo, pero merece una felicitación el autor de la producción de ésta portada de AM New York, un periódico gratuito que se regala en la boca de los trenes de Nueva York,  también en algunas cajas regadas por la ciudad, y en algunas calles de Nueva Jersey, porque es la metáfora exacta de la desfachatez de los funcionarios de AIG, que se adjudicaron 165 millones  de dólares mientras miles de norteamericanos están sin empleo y sus impuestos han servido para que se regalen millonarias primas a sus ejecutivos.

La imagen en realidad pertenece al pasado, a la fiebre de la bonanza, pero se corporiza al revés,en ésta época de crisis. Es  inexplicable, casi patólogico, en un momento de crisis, gastar millones del plan de rescate en arreglar oficinas, baños, o repartirse el dinero entre los ejecutivos. Es una fiebre en el sentido equivocado.  No se porqué le llaman fiebre, pero algo tiene que ver con el exceso. Este tipo de  fiebre en época de bonanza era explicable, comprensible, hasta cierto punto humano. La gente quemaba, en una especie de ritual, la pobreza con el símbolo de la riqueza: los billetes. Así sucedió durante la fiebre del oro, entre 1848, con  los mineros de California, los Forty-Niners, que encontraban riqueza fácil: en seis semanas podían ganar lo que en seis años. Otros se bañaban en  petroleo, como en Texas,  en los 1900 y algo, cuando sucedió el Boom del Petroleo.  También los pescadores que en los años de 1960, vivieron en boom de la harina de pescado en Chimbote, en el Perú, que hacían, como en otros lugares, la gracia -una majadería hoy, en tiempos de crisis- de prender cigarrillos con los billetes de más alta denominación del mercado.

En fin, creo que su castigo va a estar escondido en la conciencia de cada uno, minándoles día a día en su interior. 

Pongo un ejemplo extremo, sólo para hacer ver la fuerza del remordimiento. Le sucedió al fotógrafo sudafricano Kevin Carter con la foto que ganó el premio Pulitzer de fotografía en el año 1994: un buitre esperando que un niño sudanés agonizante exale el último suspiro para caer sobre su víctima. Miles le preguntaron porque no levantó al niño y lo salvó. Carter terminó suicidándose en julio de 1994, a los 33 años. No pudo vivir con ese peso.

 


Sunday, February 01, 2009

El Pasillo de las Melodias Perdidas

La multitud tiene una especial fascinación en cualquier gran ciudad, y la multitud neoyorquina es particularmente vibrante.

Como un jueves 22 de enero, a las 5:00 PM, en uno de los pasillos de Times Square, que la multitud cobra vida con el paso rápido, la mirada adelante, la expresión de vida interior varia y de primicia diaria.

Es por ello que no hay peor negocio que el de aquellos cantantes que se estacionan en éste pasillo de la Times Square, al que podríamos llamar El Pasillo de las Melodías Perdidas, un tramo frenético entre la salida del tren 7 y el boca- túnel que nos conduce hasta la salida del Port Authority Bus Terminal, mientras la multitud bulle presurosa.

Quiero creer que nada de ello le importa a Ayana White, que no tiene un tarrito a la vista (lleva un bolso en la parte de atrás, cubierto por un jacket demasiado delgado para estos días de invierno) , como otros cantantes o instrumentalistas que suelen tocar o cantar allí, para que las personas les dejen un tip mientras su canto persigue como una mariposa melancólica los oídos de las personas que caminan presurosos.

Ya se ha vuelto una costumbre neoyorquina la de ir caminando para entrar o salir del tren 7, 1, 2, 3, N o R o cualquiera de ellos y llevar por un corto trecho la compañía de un tan-tan africano, un adormecedor tañido japonés, un violón virtuoso o un violín sin gracia ni armonía, o, como hoy la melodía suave de la voz de Ayana White.

Ella, creo yo, no hace más que dar un tributo norteamericano, de parte de la raza afroamericana, a los nuevos tiempos que el presidente Barack Obama ha inaugurado en los Estados Unidos de Norteamérica. Si recibe unos dólares por ello mejor aún, los tiempos no están como para mirarle el color a la ostia.

Es una gota de música en el ancho río de la vida que nunca es el mismo dos veces. Es una delicadeza trinitaria en el bosque humano neoyorquino. Es una llamada al mundo para creer en la esperanza.

Aayana me pregunta que donde va a salir publicada la foto, yo le contesto que en la tierra de nadie de un blog de internet en español.

Mientras los flashes de mi cámara resuenan junto a los pasos presurosos, algunas miradas se voltean a mirarla sin detener su rumbo.

Son miradas de interrogación.

Más tarde en la cama, luego de hacer el amor, comentarán a su pareja que vieron a una mujer negra cantando en los pasillos del Subway.

Más tarde cuando el o ella llegue a casa, a encontrarse con su soledad, y destapen una cerveza antes de prender el televisor con las imágenes diarias que informan de las nuevas medidas de la administración Obama, pensarán en ésta mujer afroamericana que les regaló por breves momentos la compañía de una melodía suave que hablaba de amores rotos y esperanzas por cumplirse.

Más tarde cuando una madre diga a los niños que ya es hora de dormir recordará a la joven afroamericana que cantaba a todos y a nadie . Se preguntará si tiene niños y si los niños tenían que comer hoy día.

Más tarde, cuando ya sea tarde, se arrepentirán de no haberle dejado un dólar de propina a aquella joven negra que cantaba delicadamente, mientras su premura o su escasez de dinero le cortaba el paso a su generosidad.

Mas tarde, alguien se preguntará si la joven estudia canto y si éste mes pudo reunir el dinero para pagar sus estudios.

Tal vez Ayana White no sea lo que piensan todos, tal vez vive en los brazos de un oscuro vicio, tal vez deba hablar ella.


Cuando Ayana White introduzca la llave en la puerta de su apartamento querrá olvidarse del cansancio y tal vez no haya reunido los 60 dólares diarios que algunos ganan en el Subway.

Sólo la acompañará en su sueño la íntima satisfacción de haberle cantado al presidente Obama y a su esperanza en los pasillos del Subway de Nueva York. La multitud sigue caminando en mi recuerdo.

Tuesday, January 13, 2009

La Lanza Fuegos

Se llama Albea y presentó hoy, un invierno de 47 grados Farengeiht, su espectáculo fueguino en Times Square, en las afueras del Museo Believe It or Not!, para atraer al respetable público. El acto es casi tan viejo como el fuego, lo nuevo es, quizá, ella.

Como la mujer barbuda o los titiriteros, la manzana de caramelo, el algodón dulce o los carruseles de las ferias de pueblo, su espectáculo es llamativo. Las llamas son convocadas para ser fuego de entretenimiento.

El viejo Empédocles, de haber paseado por Times Square con su túnica blanca asida en la mano izquierda para que no chapotee en algún charco que dejó la nieve del día anterior, estaría inquieto de saber que uno de los elementos sin el que el hombre desde que es hombre no podría vivir se pasea por los labios de una dama sin intermediario de por medio.

Albea lleva más de 20 años viviendo con el fuego y sin una seña de quemaduras. 

Ella tiene otras quemaduras. ¿Será que ha hervido en el fuego de alguna pasión temprana y extemporánea o sencillamente en alguna tristeza imperdonable?

Ama, si amar es llevar algo pegado a la piel, tatuado más bien un cangrejo primoroso, con cara de mujer, gorro marinero y labios en forma de corazón -cursilería grande, o  huachafería- que en su muñeca derecha camina mirándonos con, digámoslo ya, amor.

Detrás de sus lentes obscuros hay mucha vida que contar.

Bajo su ropa o  su largo cabello a lo rahsta, debe estar la verdadera historia que guarda.

Su piel toda está cubierta - los trazos de los tatuajes  pugnan por mostrarse pese a la ropa- de un tatuaje de líneas y figuras que por momentos hacen recordar a las líneas de nazca.

Líneas que, la imagino desnuda ya, sobre el piso frio e igualmente desnudo, cobrarán vida. Moviendo cada uno de los miembros de su cuerpo, el pelo tirado a la izquierda o a la derecha a cada momento en señal de interés por la pareja. Y a cada movimiento se desplaza una colina, se mueve un círculo, abre la boca una serpiente, grita un mono, se descifra un jeroglífico, y ella de repente se hace la graciosa hechando espumarazos de fuego por la boca.  

Ahora guarda la botella de alcohol que usa para lanzar sus pacíficas llamas de fuego.  Se para. La luz se apaga. Su cuerpo despide un brillo y cae sobre su amada.

Horas más tarde se levanta, ya entrada la noche, y lo único en que piensa es en las luces de Times Square. 

Hay cenizas por todos lados y un olor, un olor....... 

Sunday, January 04, 2009

!Welcome to The Empire State!

por: Gery Vereau

Es hoy, luego de la desaparición de las torres gemelas, el edificio más grande de Nueva York. Hay más grandes en otras partes, desde luego. El Sears de Chicago o  el Taj Mahal de Dubai.

Pero el Empire State conserva su fama sólida, a prueba de cualquier diatriba. Aún en las épocas de crisis o de bonanza mantiene incólume su prestigio.

Soy poco propicio a visitar edificios. No subí a las torres gemelas, tampoco he subido a la Estatua de la Libertad, prefiero visitar la casa donde vivió Edgar Alan Poe en Nueva York, o las cataratas minimalistas del Green Acre Park de la calle 52 y la segunda avenida en Manhattan o, claro, el parque Central de Nueva York o, a cuál mejor, pasear por la Quinta Avenida y sus mares de gente y escaparates o como no, Ellis Island.

En cambio, el Empire State me ha seducido. Una mañana de estas frías, casi heladas, de los últimos días del 2008, me tocó visitarlo mientras afuera, poniéndole buena cara al frío, unas 200 personas esperaban turno para subir al observatorio y adentro otras se retrataban en el lobby del ediifiico ante dos sólidos y altísmos arboles de navidad. Entré por una de las puertas laterales y uno de los guardias con uniforme grandilocuente me indicó que para ir al piso 51 debía seguir derecho, luego presentar mi Social Security a una de las personas que esperaba en uno de los pasos camino al ascensor y someterme al detector de metales.

Me recibió un afroamericano, también uniformado, ya camino a ser anciano y me forzó a recordar que Duston Hoffman había dicho, en Europa, que allá hay mucha más consideración con el envejecer hecho que, son mis palabras, en Estados Unidos. Cierto, pero también la vida laboral de las personas se extiende más, casi hasta el límite del vigor. 

Es que aparte de la edad reglamentaria para jubilarse aquí buscan otros trabajos o quehaceres, cómo los dos adultos  mayores -anciano es casi una mala palabra aquí-  representantes de Weehaken Citizens for Peace, que un día antes, en la orilla del rido Hudson que correponde a Nueva Jersey, portaban carteles con !Out Now! y !Honk for Peace!

Y el uniformado afroamericano apenas me vió me dijo !Welcome a The Empire State! con una sonrisa iluminándole el rostro que me conmovió hasta los cimientos del espíritu.

Huelga decir que soy lo que se llama un tipo que, exteriormente, se conmueve poco, mejor dicho soy de los que rien más por dentro, lloró sólo para mí, canto para las cuatro paredes de mi vivienda, sin testigos y, además bailo poco, por lo general.

Pero el  !Welcome to The Empire State! estaba dicho no como una frase convencional del buenos días - tengo 45 años y ya sé distinguir-  que uno dice a todos y a ninguno cuando entra a una oficina y los que quieren contestan  lo hacen con una sonrisa de circunstancias, cómo me ocurrió luego en la recepcion del piso 51, con dos jóvenes amabilísimas. 

Esta era una frase dicha desde el fondo del corazón. Senti como cuando uno lee algo que está escrito con sangre; como quería Nietzche cuando  decía que sólo amaba aquello que alguien escribe con su sangre, que es escribir con el alma: Escribe tu con tu sangre y verás que la sangre es espíritu (Así Habló Zarathustra). O cómo cuando alguien encuentra una pintura que le conmueve porque ha sido pintada desde las entrañas. Cómo cuando Vicent Van Goh le dijo a Paul Gaughin: Maestro enseñeme a pintar como usted, usted pinta con el falo.

Luego, me retiraba sin verle una vez más el rostro al anciano afroamericano y al registar mis cosas encontré que me había olvidado el caparazón del flash, el socorrido bounce, de la cámara fotográfica, en la oficina del contador Jeffrey Segall a quien le tome unas fotos para el anuncio de un periódico. 

Tomé el camino de regreso y nuevamente tuve que pasar por el registro de los rayos x, allí me encontré nuevamente con el anciano afroamericano  que me dijo -Tu acabas de subir. !Welcome to The Empire State!  

El !Welcome...! tenía la misma fuerza sísmica del primero.

Este es un hombre pensé que todas las mañanas al levantarse se dice a sí mismo !Trabajo en el Empire State!.

El mismo orgullo que se siente al decir !Vivo en New York!, ...pese a los Madoff.

Friday, October 24, 2008

Souveniers Electorales

Hecho en Nueva York. La fiebre electoral ha llegado a todos lados y Times Square no podía ser excepción. Mitchell y un grupo de amigos se instalaron éste fin de semana en el conocido paraje neoyorquino para vender condones con el protagonismo de los candidatos a las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, ante la hilaridad y sonrisas de los transeúntes. Condones Obama, Mccain y Palin son los últimos souveniers que la inventiva neoyorquina ha puesto en circulación para ponerle un toque de irreverencia a la campaña electoral y, sobre todo, ganarse unos dólares.

Tuesday, May 27, 2008

Cirugía Plástica al Paso


Catarsis. A veces el alma de las personas necesita una cirugía plástica. En la calle 42,entre la octava avenida y Broadway, cerca a Times Square, le hacen una por sólo cinco dólares. Click


Una pequeña dosis de catarsis, casi instantánea convierte un inofensivo souvenir –una caricatura, empaquetada como un retrato al carbón- en una poderosa vitamina contra las arrugas que algunos mal llevan (mal llevamos) en el espíritu.

Llevar es la palabra exacta si es que se lleva el alma a cuestas, tanto al inodoro como a la cama con la novia, a la cena preparatoria como al trabajo diario, si creemos, como mal nos han acostumbrado a pensar y decir, que la tal alma pesa como si se tratara de una carga , digamos, de cinco kilogramos sobre la espalda. Click

Nuestros cirujanos(as) plásticos al paso saben, sin necesidad de presumir sicología universitaria, que es lo que buscan sus pacientes: no el souvenir, ese es un pretexto vago, sino la reafirmación (que bella soy), el compromiso (que enamorados nos vemos los dos), lo que quisieran ser ( que feliz me veo), la impostura (así de malo soy), en fin, una imagen distinta de lo que somos: el caricaturista exagera una mirada, pronuncia unos labios, exagera una forma de la cara, pero sobre todo, una actitud ideal. Click

La mayoría de los cirujanos-caricaturistas son chinos, propietarios de un conocimiento rápido, sobre demanda, de las necesidades de su clientela. No entristece saber que ésta virtud lo deben menos a la sabiduría milenaria de Tao o Li Yung Tang que al mercadeo de occidente. La productividad, el pragmatismo mas bien, es su filosofía. Click

-Only five dollars- me dice, un dibujante.
-Regreso-, le respondo, apagando la cámara fotográfica, sin saber si algun día me tocará sentarme en una de éstas sillas de lona para que me arreglen el alma.

¿O será que el dibujante ha descubierto que la necesito ahora?

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Sunday, May 25, 2008

El Violinista de Times Square



Quejidos del Alma. Del temblor de las cuerdas de su instrumento nos atacan sonidos letales. Chirridos que llevan la marca de la fatalidad. No sabemos su nombre pero su mirada es su marca. Desde el fondo del mundo de sus ojos azules una plegaria nos mira. La gente pasa indiferente al drama -es la estación del subway de Times Square, en la calle 42 de Manhatthan. Unos dolares en la cajuela de su instrumento bailan solitarios esperando conquistar al dinero de bolsillos ajenos.

Lo he visto otras veces, y nunca en el mismo lugar, pero me preocupa que no toque para gustar, ni para encantar, ni para superar una escuela ni para imitar o traspasar a Niccolo Paganini. Su arte no es sublime, tampoco quiere serlo. Solamente el innecesario para atraer la compasión del publico hacia el drama que vemos en su rostro, en sus ropas obscuras en este verano, en su encorvamiento. Presumo !ay de mi! que su ensimismamiento musical es una impostura. No hay entrega en su arte, la pasión esta lejos de aquí, tal vez en la mujer que se le fue y durmió en brazos de otro, antes de dejarlo para siempre al otro también. Tal vez en los hijos que perdió en el terrible accidente del cual no tuvo la culpa. Presiento que algo en el violinista ha muerto. Su música no es de este mundo. El violin suena a lata.

Escucharlo es bueno, en la inconsciencia de su música que nos perturba camino al tren 7 o al N o R o volteando para llegar a la 42 y envolvernos en el torbellino digital, altisonante, de Times Squeare, nos obliga a agradecer el esplendido día que hace hoy, 25 de mayo, aquí en Nueva York. Saliendo del inframundo lo de fuera es el paraíso celestial. Es como el PBI cuando arranca de menos cero, siempre es mas cuando la economía crece. Y que conste que Nueva York muchas veces ha descendido del cielo al infierno y viceversa